Cuántas veces hemos oído o dicho: ¡tú tienes el síndrome de Diógenes!
Se bromea, o más bien se ha convertido en una expresión aceptada. La conexión entre el síndrome y el filósofo griego es curiosa y yo diría que bastante irónica, puesto que Diógenes era conocido por su vida simple y su rechazo a las convenciones sociales, lo cual lo llevó a vivir en un barril.
¡Vaya, que más minimalista no se puede ser!, su filosofía se basaba en la búsqueda de la virtud y la libertad, mientras que las personas con el Síndrome de Diógenes experimentan un gran sufrimiento y deterioro de su calidad de vida. Yo misma había utilizado esta expresión en más de una ocasión a la ligera y entre risas, hasta que inicié mi formación como organizadora profesional.
Ahora entiendo y soy consciente del dolor y sufrimiento que el caos puede aportar en tu vida, de hecho es un tema que me fascina y en el cual he profundizado mi formación (y seguiré haciéndolo) porque considero necesario que haya profesionales preparados para acompañar a personas con este tipo de problemáticas. Hoy os quiero explicar un poco, cuáles son los principales problemas derivados del desorden y como identificarlos, puesto que el famoso Diógenes seguramente no, pero otros muchos te pueden haber pasado por alto y está bien saber si un familiar está transitando alguna de estas situaciones, o tú mismo estás pisando líneas.
Síndrome de Diógenes
(En realidad llamado Trastorno de acumulación compulsiva)
La ironía del síndrome de Diógenes es palpable: mientras el filósofo griego buscaba la libertad en la simplicidad, quienes llevan su nombre se ven encarcelados por un caos autoinfligido. Es un trastorno psicológico, y como tal los profesionales de la orden no podemos intervenir, hace falta la ayuda de profesionales de la salud mental, entre otras.
Suelen ser personas con deterioro cognitivo o demencia. Presentan un abandono extremo del cuidado personal.
Su entorno social suele ser aislado o desestructurado y no suelen ser conscientes de su problema.
A pesar de ser lo más conocido, es seguramente el menos común. Así que vayamos a terrenos más frecuentados.
Consumidor frenético
Por desgracia en la sociedad que vivimos, cada vez más consumista y autocomplaciente este problema se está extendiendo a un ritmo descontrolado, solo hay que ver la problemática medioambiental que
genera el consumo de ropa, por ejemplo.
Hay personas que compran por impulso y en grandes cantidades.
A menudo la casa acaba pareciendo un bazar, los armarios abarrotados, cosas por todas partes… no siempre acumulan pero es común.
Produce problemas en casa y en el ámbito económico evidentemente.
Acumulación excesiva
Lejos de ser una elección, se convierte en una carga que impide
disfrutar de la vida.
Pueden ser compradores compulsivos, pero también personas que
recogen de todo.
Les cuesta mucho tirar o donar y guardan desde cosas sin valor como cajas vacías y objetos rotos hasta cosas por estrenar que nunca llegan a utilizar, suelen tener muchas cosas duplicadas y solo de pensar en deshacerse de ellas se los ocasiona angustia.
Apego emocional
Hay personas que acumulan porque crean un vínculo con los objetos, es normal que tengamos, por ejemplo el anillo de casada tiene más valor sentimental que monetario, ahora bien, si le otorgamos un significado emocional a todo, supone un problema.
Un caso en el que esto es muy común es en el luto, todas las pertenencias de nuestro ser querido que ya no está se convierten en tesoros.
A menudo acaban viviendo en santuarios donde todo tiene un valor y un significado, la carga emocional es muy alta y no permite avanzar.
No siempre tiene que ir vinculado a un luto, a veces hay personas que generan este vínculo y dependencia a sus propias cosas o por ejemplo a las cosas de cuando los hijos eran pequeños.
Desorganización crónica
La desorganización cónica es bastante compleja, se merece un artículo para poder profundizar, pero hoy solo repasaremos algunas características.
Las personas con desorganización crónica son conscientes de que hay un problema.
Quieren tener orden, pero son incapaces de mantenerlo.
La clave es la cronicidad, es decir, se pone orden, pero el caos vuelve.
Su manera de ver la organización es diferente, no es que sean perezosos, es que su visión no es la convencional.
Tiene que quedar claro que no es una enfermedad, sino una manera diferente de funcionar, por lo tanto, o no se puede “curar” pero sí podemos encontrar el sistema que conecta con las necesidades que tiene aquella persona.
Podemos lograr el orden, pero hace falta más creatividad para conseguirlo y más estrategias para mantenerlo, una persona con desorganización crónica puede conseguir superarlo, pero difícilmente mantendrá la casa como si fuera una revista.
Recordemos que no es una enfermedad, a pesar de que en casos viene acompañado de déficit de atención, TOC o depresión, no siempre tiene que ser así.
Hay tres características que tienen que tener si o si para poder diagnosticar d o.
1 estado recurrente de caos.
2 presente grande parte de su vida.
3 ha intentado solucionarlo por su cuenta pero no lo
consigue.
ORDEN OBSESIVO
No sé si está tipificado, pero yo misma lo he vivido y sé cuánto
dolor provoca por eso lo he querido incluir.
Para mí, era una necesidad imperiosa de ver todo perfecto y de
controlar absolutamente todo el que tuviera impacto directo sobre
mí.
Me era imposible estirarme a mirar una serie o echar una siesta
si la cocina no estaba impecable o si veía un poco de polvo en los
cristales.
Todo tenía que estar en perfecta simetría y me pasaba muchas horas limpiando e intentando mantener aquella casa de revista, que evidentemente era irreal y nociva.
Durante mucho tiempo no fui consciente del problema que suponía,
tanto para mí como para mi familia, porque iba en piloto automático.
No sé cuando fue el punto de inflexión, creo que tras una crisis vital muy gorda que dio origen a vida en ordre, al empezar a analizar lo que tenía, lo que hacía y sentía desde un punto de vista más consciente me ayudó a salir de aquella espiral.
Si estás viviendo una situación similar, empieza a preguntarte el porqué, porque lo haces, porque lo necesitas, que pasaría si cambiaras de actitud, y pide ayuda, tenemos profesionales que realmente pueden ayudarnos a salir del pozo.
Detrás de cada montaña de objetos, hay una historia de dolor, soledad y, a veces, de traumas pasados.
La vergüenza y la culpa a menudo impiden que estas personas pidan ayuda, perpetuando un ciclo de aislamiento y deterioro. Profesionales de salud mental, como organizadores profesionales estamos aquí para ayudar a transitar estas etapas y dificultades, si alguno de los problemas que acabas de leer te ha hecho sonar una campana de alarma no esperes, déjate ayudar para salir, puesto que como siempre digo, una casa ordenada no te dará la felicidad, pero una caótica te la puede robar.


