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Hay personas muy ordenadas y metódicas que tienen cierta facilidad en la hora
de poner orden y mantenerlo, hay otros, en cambio, que se pasan el día
recogiendo y nunca lo tienen como lo querrían tener.
No todos nacemos con las mismas habilidades, pero el orden se entrena y
podemos mejorar y mucho nuestro grado de orden, vivir una vida más
simplificada en un entorno que nos aporte paz, armonía y seguridad.
¿Qué puede estar faltando en tu vida por no conseguir crear y mantener el
grado de orden que deseas?
La falta de un sistema de organización y de hábitos
Tiene que ser funcional y personalizado, puesto que cada caso tiene unas
necesidades concretas y no serán las mismas por una persona soltera que para
una familia de 5. Recordemos que los sistemas son flexibles y se tienen que
readaptar con el tiempo, así que cada cierto tiempo podemos ir modificando
aquellas cosas que hayan cambiado o ya no funcionen.
La primera vez puede ser abrumador, puesto que hay que hacer toda la tarea
desde cero, por eso es ideal hacerlo con profesionales, hacer los cambios
necesarios más adelante es más sencillo, porque son acciones concretas y
además ya tienes las habilidades y conocimientos para hacerlo.
Lo primero de todo, siempre es depurar, ¡recordamos que aquello que no
aporta, ensucia!
Errores muy comunes al iniciar este proceso es ordenar sin organizar primero,
hay que definir un lugar para cada cosa.
A menudo nos topamos también en que hay miembros de la familia que no se
involucran. Es importante ir todos a una.
Acumulación
¿Por qué acumulamos? Es el resultado de hábitos, emociones y creencias.
Las más comunes son:
Apeo emocional: Nos vinculamos emocionalmente a determinados objetos y les
conferimos la categoría de tesoro, esto dificulta mucho que nos podamos
desprender.
Los “por si acaso”: nos impide soltar el miedo de necesitar en un futuro aquello.
Es una creencia de escasez, a veces nos viene integrada, recordemos que
nuestros padres o abuelos han vivido una posguerra, esto queda impregnado al
código genético y cuesta deshacerse de este miedo a la carencia.
La percepción del valor: Pensamos que son objetos valiosos, o simplemente que
nos ha valido dinero y esto impide que los soltamos.
La culpa: ¡ay la culpa! Si son una herencia o regalo nos sentimos obligados a
quedarnos con aquello, nos guste o no, nos sea útil o no. Cuando liberas la
culpa, sientes mucha paz y ligereza.
Hay personas que acumulan emocionalmente: cosas con las cuales tienen un
vínculo, como por ejemplo fotos, cartas o piezas especiales.
Hay acumuladores funcionales: es decir, personas que acumulan cosas porque
creen que en algún momento les serán útiles, cables, ropa de otras tallas,
manuales, cajas vacías…
Una parte muy importante es recordar que soltar objetos no nos hace borrar los
recuerdos.
Poca planificación o nada
La falta de planificación puede tener un impacto negativo en todos los aspectos
de la vida familiar. Por el contrario, una buena planificación nos puede ayudar a
mantener el orden, ahorrar tiempo y dinero, reducir el estrés y mejorar la
calidad de vida en el hogar.
Planifica como quieres que sea la semana, que comeréis, quién cocinará o irá a
comprar, qué citas tenéis y cuánto tiempo tenéis que destinar a cada acción.
Analizar el origen del caos
Auditaremos el espacio, ¿cuáles son los puntos críticos? ¿Qué es aquello que
siempre está mal o causa problemas? Suele haber un núcleo causante de caos
en cada zona, detecta el tuyo.
Prioriza. No hay que hacerlo todo y mucho menos todo de golpe, iremos por
zonas y dentro de cada estancia atacaremos primero aquello que genera más
impacto en nuestro día a día.
Reservar un tiempo, es decir, antes de empezar una tarea, calcularemos que
disponemos del tiempo necesario porque no nos quede a medias.
Falta de tiempo
Dicen que todos disponemos de las mismas 24 H, pero no todos las podemos
invertir igual, y si trabajas a jornada completa, tienes hijos o personas a cargo,
no podemos decir que tengamos el mismo tiempo, por ejemplo que alguien que
hace media jornada y no tiene responsabilidades familiares…
Así que es importante priorizar y adaptar nuestros objetivos a nuestras
posibilidades, si tienes niños pequeños a casa, el nivel de orden no será el
mismo que si vives solo. No podemos utilizar la misma plantilla para todo el
mundo.
Lo que sí podemos hacer es priorizar y delegar, una vez hecho el proceso de
organización, delegar puede ser la clave para llegar a todo sin morir en el
intento.
Compra compulsiva
La compra compulsiva o excesiva puede tener un impacto significativo tanto en
el hogar como en la persona. En casa, genera la acumulación de objetos
innecesarios, desorden, pérdida de espacio y de tiempo, además hace que la
acumulación dificulte el mantenimiento de la casa.
En la persona, puede generar estrés, angustia, sentimientos de culpa y
problemas financieros.
Hay que reflexionar sobre qué situaciones o emociones nos llevan a comprar de
manera compulsiva. Puede ser el estrés, el aburrimiento, la tristeza, la presión
social, etc. Una vez identificados los desencadenantes, podemos buscar
estrategias para gestionarlos de manera más saludable.
Si está afectando nuestra vida, es importante buscar ayuda profesional. Un
terapeuta nos puede ayudar a comprender las causas de nuestro
comportamiento y a desarrollar estrategias para superarlo.
La presión de la perfección
A menudo nos comparamos con imágenes idealizadas de casas perfectas que
vemos a revistas o redes sociales. Estas imágenes no reflejan la realidad del día
a día y nos generan frustración y la sensación que nunca llegaremos a tener una
casa “perfecta”. Lo que buscamos aquí no es una casa de foto, es una casa real,
que sea práctica, funcional y con un mantenimiento asequible que nos permita
disfrutar de nuestra vida y tener tiempo para nosotros, no tenemos que
dedicarnos a la casa, sino disfrutarla, que nos reciba como un refugio donde
sentirnos seguros y cómodos.
Un cambio de mentalidad hacia un orden consciente
El orden como herramienta para la felicidad: El orden no es una finalidad en sí
misma, es una herramienta que nos ayuda a vivir mejor. Una casa ordenada nos
aporta calma, tranquilidad y nos permite encontrar las cosas fácilmente.
Prioriza lo que es importante: Reflexiona sobre qué es realmente relevante para
ti y pon la energía en ordenar aquellas zonas que más utilizas o que más te
afectan emocionalmente.
Una casa ordenada no te dará la felicidad, pero una caótica te la puede robar.