Ya tenemos a tocar las fiestas de Navidad y como cada año nos bombardean a
anuncios de perfumes, cremas, joyas y sobre todo ¡JUGUETES!
En el momento que abres el televisor empiezan a aparecer muñecas con vidas
maravillosas, coches haciendo saltos mortales y un montón de juegos que
parecen divertidos hasta que te toca leer las instrucciones de montaje.
Es una campaña masiva y brutal que fomenta el consumismo, la compra
compulsiva y un sobre esfuerzo económico que pasa factura y nunca mejor
dicho.
Entiendo que es lo que toca y soy la primera que disfruta eligiendo y pensando
un regalo para aquellas personas que quiero, no estoy en contra de la Navidad,
de comprar o regalar, simplemente me preocupa el nivel de ansiedad que
provoca a las personas que desgraciadamente no pueden comprar lo que sus
hijos desean, que acaben endeudándose para comprar cosas que sinceramente,
serán divertidas hasta que pase la novedad. Y me preocupa porque he vivido
estas situaciones, en primera persona, nos hacen creer que hay que comprar
muchísimo y cuantos más paquetes mejor y venga a comprar, venga a generar
residuos…
El problema que hay en muchas casas con los juguetes es importante, hay un
reguero de juguetes esparcidos desde la puerta hasta el comedor, pasando por
todos los rincones de hogar, este exceso de estímulos no es nada positivo por
los niños y el estrés que genera tener este desorden causa irritabilidad y
conflictos familiares, lo he visto trabajando, pero también porque me lo explicáis
a las charlas y talleres, es un tema que preocupa y mucho, así que…
¿Ponemos un poco de freno?
Es el momento de revisar la habitación de los niños, elimináis todo aquello que
no usan, los juguetes que han quedado desfasados, los que no utilizaron más de
tres veces. Hagamos lugar a todo lo que entrará en unos días y tomemos
conciencia de qué espacio disponemos, si no nos cabe, es mejor no tenerlo.
Una vez revisado el espacio físico, revisemos nuestras creencias, nuestros
valores y si estamos actuando en consecuencia o si vamos en piloto automático
haciendo aquello que se supone que toca, complaciendo a los otros en contra
de nuestros deseos. Que un poco siempre toca ceder, no podemos hacer
siempre el que nos dé la gana y como queramos, pero muchas veces es que ni
siquiera nos paramos a pensar en qué y cómo, la vida nos atropella y hacemos
lo que podemos. No lo juzgo, he estado aquí, pero hay que parar, hay que
pensar, hay que ser prácticos y tomar decisiones.
Os invito a poner en práctica la regla de los cuatro regalos de la cual ya os he
hablado en otros artículos, dice así:
Un regalo que sea un libro
Fomentar la lectura siempre es buena elección y si los elegimos bien el regalo de
la lectura puede ser un regalo que dure toda la vida (¿qué haría yo sin mis libros?)
Un regalo que necesiten
Puede ser un estuche nuevo, el casco del patinete, pintar su habitación… una
cosa que realmente haya que comprar, si elegimos bien y se los buscamos de
aquel personaje que los fascina o de su color preferido, estarán encantados y
habremos invertido en una cosa que había que comprar de todos modos.
Un regalo que se puedan poner
Es decir; ropa. Cómo en el último apartado siempre que elegimos cosas que
reciban con ilusión, de acuerdo, dependiendo de la edad ya sabemos que la
ropa no es la ilusión de sus vidas, pero muy pensada, puede ser un regalo muy
original.
Un regalo que sea el que de verdad desean
Siempre hay una cosa que los hace ir de culo, uno que encabeza las listas de Tió,
Papá Noel, Reyes, hadas de los dientes, cumpleaños y santos. Aquel juguete que
cada vez que ven hace que el deseo encienda su mirada, que sabes que si la
reciben, gritarán al abrir el paquete, que los hará felices.
Ahora bien, aquí hay que tener cuidado y no dejarnos llevar, analiza bien cuál es,
sabemos que en estas fechas los niños están sobreexcitados y quieren que el
Tió les cague todo el almacén de juguetes, escucha bien lo que dicen, presta
atención a cómo lo dicen, a menudo acabamos pidiendo a los reyes muchos
juguetes porque no tenemos claro cuál es la estrella aquel año. Hay que estar
atentos a las señales, si te fijes bien, ¡las encontrarás!
Recuerda hablar con amigos y familiares, puesto que sí decidís vivir unas fiestas
más conscientes y sostenibles tienen que saberlo para poder ir todos a una y no
acabar con la casa invadida de paquetes que llegan de fuera, podéis hablar con
asertividad y empatía, pactar menos regalos materiales, quizás incluir
experiencias, por ejemplo.
Los niños siempre recuerdan las cosas vividas, no las cosas adquiridas.
Una excursión a la nieve, entradas por el parque de atracciones, una tarde a
caballo o aprender jugar un deporte.
Estas experiencias, además, vienen acompañadas de un regalo todavía más
grande que es tiempo. Pasar una tarde con ellos jugando a tenis o básquet, el
recuerdo de ir al cine y comprar palomitas, las risas en la playa o en el bosque.
Esto no se compra con dinero y es el regalo más grande que podemos hacer.
De paso, inculcamos unos valores que nos interesa promover, no queremos que
nuestros hijos sean acumuladores, que se vuelvan esclavos del comercio, que
solo piensen y valoren aquello que se puede comprar, si es de marca, todavía
mejor, si es mejor que el de mis amigos, doblemente mejor. No creo que sea un
proceso consciente, simplemente no prestamos atención, porque bastante
tenemos con lo que tenemos y acabamos cayendo en el consumismo, ellos lo
aprenden rápidamente, ¿a qué niño no le gusta el último modelo de juguete?
Os propongo que este año nos lo pensemos un poco. Pregúntate qué valores
quieres transmitir y de qué manera lo conseguirás, pregúntate cómo de
abarrotada puedes soportar tu casa y qué necesidad tienes de llegar a este
punto. Pregúntate qué gasto estás dispuesto a hacer y fíjate un presupuesto
realista. Solo definir estos tres puntos ya te ayudarán a hacer algunos cambios,
como mínimo a saber qué quieres hacer tú, a no dejarte llevar por las prisas, los
villancicos y un ambiente festivo que impulsa a sacar la cartera, la emoción de
regalar. Hay una manera más sostenible y consciente de celebrar las fiestas y no
las desluce ni un poco, ¡os lo prometo!
¡Feliz Navidad y felices fiestas a todo el mundo!


