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Este artículo nace, como muchos otros que escribo, de una experiencia real y vivida en carne propia. Cuando algo me remueve o me enseña, siento la necesidad de compartirlo. Quizá a alguien le sirva, quizá no, pero aquí va.

Los dos últimos fines de semana los he pasado poniendo orden digital en mi vida. Y no, no es una actividad que me haga especial ilusión. Yo soy de esas personas que aún preferiría escribir a mano, revelar fotos con el corazón encogido por si las 36 del carrete no han salido bien, y guardar recuerdos en cajas de zapatos, no en nubes digitales.

Pero que no te engañe esto: no tengo doscientos años, tengo 41.
Y aunque me resisto, la vida digital me ha atrapado.

No quiero vivir como los amish, pero tampoco me entusiasma que mi móvil me diga que no puede grabar un vídeo porque no le queda espacio. La verdad, era un mensaje que llevaba tiempo esperando, pero cuando llega, duele igual, como la factura del mecánico: sabes que vendrá, pero te hace un nudo en el estómago.

Así que decidí ponerle remedio. Con más de 500 gigas acumulados en dos años entre fotos de vacaciones, vídeos de talleres, proyectos y paisajes soleados, compré un disco duro externo y me armé de paciencia para hacer limpieza y organizarlo todo.

Bloqueé tiempo en la agenda, compré un disco externo (de esos que prometen solucionarte la vida) y me lancé a una selección despiadada: esto sí, esto no, esto quizá, esto… ¿por qué lo guardé?

Pasarlo todo al ordenador fue lento y pesado. Y una vez allí, organizarlo en carpetas… todavía más. Pero si quiero conservar una imagen, es porque creo que algún día querré volver a verla o a usarla. Así que vale la pena hacerlo bien y que sea fácil de encontrar.

Separé las fotos personales de las laborales. Y dentro de estas últimas, apliqué una lógica que haría llorar de alegría a cualquier amante del orden.

Un trabajazo, sí. Pero también una sensación de paz mental que no tiene precio. Ahora sé dónde está cada cosa, y cuando el móvil vuelva a decirme que no tiene espacio, podré responderle con una sonrisa y un disco duro vacío listo para entrar en acción.

La verdad es que siempre me da mucha pereza y lo he ido procrastinando durante meses. Porque sí, las organizadoras también somos humanas, y de vez en cuando caemos en las mismas trampas que el resto de mortales. Así que sí, había acumulación… y un poco de caos.

Eso sí, no tanto en los archivos del ordenador —aquí me defiendo bien—. Me encanta poner cada cosa en su sitio y tengo una carpeta para cada tipo de documento. Esto me facilita muchísimo la vida cuando toca hacer el IVA, la declaración de la renta o cuando la gestoría me pide algún papel concreto. Pero las imágenes… ay, las imágenes son mi punto débil.

Tengo configurado el móvil para que no se descargue ninguna foto de WhatsApp (y te lo recomiendo muchísimo), pero aun así, se acumulan igual. Y como me ha tocado hacer limpieza y poner orden, he pensado: ¿por qué no arrastrarte a ti también a hacerlo?

El verano me parece un momento ideal para ponerse a ello. Puedes aprovechar el rato en el avión para eliminar fotos y archivos, o sentarte a la fresca cuando cae el sol y dedicarle un ratito. Te diría que en la playa también es un buen momento, pero sinceramente, me gusta tanto que pocas veces saco el teléfono allí. Prefiero disfrutar del paisaje, cerrar los ojos y escuchar el susurro del mar, sentir la arena caliente bajo los pies o el agua fría limpiando cualquier pensamiento.

Ahora bien, si tú no eres tan de mar como yo, puede ser una buena ocasión igualmente. Eso sí, si decides hacer limpieza junto al mar, te recomiendo tapar los puertos de carga del móvil con un poco de cinta adhesiva para evitar que entre arena. Tanto si haces limpieza como si no, el móvil te lo agradecerá.

Y un último consejo: los archivos que decidas conservar en el teléfono, guárdalos también en carpetas. Tú los verás todos juntos en la galería, pero cuando quieras recuperar aquella foto de las vacaciones de hace dos veranos, solo tendrás que ir a la carpeta correspondiente. Y eso, es calidad de vida digital.

Empieza pequeño
No hace falta que organices todo tu mundo digital en un solo día. Puedes empezar por una carpeta, un mes de fotos o una aplicación concreta. Lo importante es empezar.

Elimina lo que no aporta
Fotos borrosas, duplicadas, capturas de pantalla sin sentido, memes que ya no hacen gracia… Todo eso puede irse.
Sé valiente: si no aporta, fuera.

Crea una estructura clara de carpetas
Decide una lógica que te funcione: por años, por eventos, por personas, por proyectos… y mantenla. Esto te ahorrará mucho tiempo en el futuro.

Haz copias de seguridad regularmente
Usa un disco externo, un disco duro o un servicio en la nube (como Google Drive, iCloud o Dropbox). No esperes a perderlo todo para empezar a hacer copias.

Desactiva la descarga automática de WhatsApp
Es una fuente infinita de fotos y vídeos que no necesitas. Para mí fue un descubrimiento.

Revisa las apps que tienes instaladas
Si hace meses que no las usas, probablemente no las necesitas. Elimínalas y libera espacio (y ruido visual).

Programa una revisión periódica
Ponte un recordatorio cada 3 o 6 meses para hacer una pequeña revisión. Así evitarás que el caos vuelva a instalarse.

Utiliza herramientas de organización automática
Algunas apps como Google Fotos, Apple Fotos o gestores de archivos pueden ayudarte a agrupar, etiquetar y ordenar automáticamente.

No te olvides del correo electrónico
Archiva, elimina y cancela suscripciones que ya no te interesan. Una bandeja de entrada limpia es una mente más clara.

Los temidos grupos de WhatsApp: ha llegado la hora de decir adiós
Abre la app y ve al apartado de grupos. ¿Cuántos tienes? ¿En cuántos participas activamente? ¿Cuáles te drenan energía y tiempo?
Sal de todos aquellos en los que en realidad no quieres estar.

Recompénsate cuando termines
Hacer limpieza digital puede ser pesado, pero la sensación de ligereza después es brutal.
Celébralo con un helado, un rato de playa o una foto nueva… esta vez, bien guardada.

Una casa ordenada no te dará la felicidad, pero una caótica puede robártela. Y esta vez, mi frase final aplica también al mundo digital: perder un documento importante o las fotos de tu bebé quizá no te quite la felicidad, pero la tranquilidad… de eso no tengo ninguna duda