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¿Has pensado nunca cómo te afecta el orden en el ámbito emocional y mental? Un espacio caótico puede influir intensamente en tu rendimiento, a la capacidad de toma de decisiones, y en tu estado anímico incluso. ¿Te imaginas cómo afecta a los niños?

En la sociedad actual, donde el ritmo de vida es cada vez más acelerado y las distracciones son constantes, educar a los niños en la orden se ha vuelto una tarea fundamental para su desarrollo integral. La falta de orden alrededor de los niños puede afectar su bienestar emocional, su concentración y su capacidad para llevar a cabo tareas cotidianas.

En este artículo, quiero explorar la importancia de inculcar hábitos de orden desde muy pequeños y ofrecer algunos consejos prácticos para conseguirlo de manera efectiva. Muchos de mis clientes me llaman precisamente por eso. Nadie los enseñó a organizar, no aprendieron de pequeños a ordenar o a dejar ir los objetos materiales y en muchos casos saben que necesitan poner orden, pero no obtienen resultados duraderos, o bien no saben qué es lo que falla, cómo pueden colocar las cosas para que se mantengan o qué pasa en su casa, porque no se sientan a gusto del todo.

 ¿Qué os parece si a las siguientes generaciones las enseñamos de muy pequeños?

Esto mejorará su desarrollo cognitivo, social y mejorará mucho su autoestima. Muchas veces damos la instrucción de –ordena tu habitación. Pero si no los hemos enseñado a hacerlo, no podemos pretender que lo hagan bien, y después, cuando vemos que simplemente han escondido las cosas o las han amontonado, nos enfadamos. Dediquemos un tiempo a mostrar cómo se tiene que hacer, y tengamos paciencia para que lo aprendan. ¡Recuerda que mejor hecho que perfecto! Tendemos a hacer las cosas nosotros mismos porque es más rápido y nos evita enfrentamientos, pero estamos negando a nuestros hijos un aprendizaje muy importante que los acompañará a lo largo de su vida. Así que os animo a cambiarlo.

La primera base es tener claro que los niños aprenden por imitación, así que no podemos pedir que sean ordenados si nosotros no lo somos. Intentemos que, sobre todo en los espacios comunes de la casa, se mantenga un mínimo de orden y que a escala personal nuestra organización sea la necesaria. Si no sabemos dónde están las cosas, nos olvidamos de las citas, perdemos mucho tiempo buscando cosas o nuestro armario está apretujado y es imposible encontrar nada, la imagen que ellos reciban es una contradicción a lo que les estamos diciendo y, por lo tanto, será más difícil que lo aprendan. Si te sientes reflejado en este día a día que te he descrito, empieza por ti, y si no te sientes capaz o lo has intentado sin resultados, déjate acompañar de profesionales como yo que facilitaremos tu camino hacia una vida en orden que te proporcione más tiempo para ti y la calidad de vida que te mereces.

 Hecho este inciso, ¡seguimos! Todo se basa en una organización eficiente, la planificación y la constancia. Que su habitación esté bien organizada no se trata solo del hecho de que tengan la ropa bien doblada o los juguetes recogidos, lo más importante es que ellos sepan hacerlo o si son muy pequeños, al menos que participen en su orden.

 A menudo, los niños están hiperregalados y sobreestimulados, tienen tantas cosas que no entienden el valor real. Poner en uso la regla de los 4 regalos puede ayudar a reducir este consumismo excesivo en el cual viven (un regalo para aprender, uno que necesitan, uno que sea para llevar y uno que deseen de verdad). Aun así, a veces el entorno no ayuda y acaban en habitaciones llenas que no dejen ni espacio libre para poder desarrollar el juego.

 Lo primero es seleccionar con él qué juguetes le gustan, cuáles son apropiados para su edad y cuáles ya se han quedado obsoletos. Enseñar que estos juguetes pueden aportar mucha felicidad a otros niños, amigos, familiares o hacer donaciones a familias más desfavorecidas nos ayuda a promover valores como la generosidad, solidaridad y además fomenta un crecimiento más sostenible, evitando que desarrollen vínculos emocionales con los objetos y que en un futuro no generen una acumulación compulsiva u otros desórdenes que los afectarán emocionalmente. Si tenemos juguetes heredados que todavía no son apropiados, estaría bien tenerlos en un espacio aparte o a los altos del armario, no mezclados con aquellos que utiliza de forma habitual. Si después de esta criba vemos que todavía tiene más de lo que puede gestionar, se puede hacer una rotación de juguetes, dejamos algunos fuera de su alcance y cada cierto tiempo los intercambiamos con los que está utilizando.

 Aprender a recoger los juguetes al acabar y antes de coger el siguiente, los ayuda a mejorar la concentración, puesto que así solo ponen su atención en el juguete con que están en estos momentos y no en todo el revoltijo que los rodea. Es importante que los avisemos cuando se acerca la hora de terminar, unos minutos antes será suficiente para que puedan acabar aquello que están haciendo y hacerse a la idea de que tienen que devolver el juguete a su lugar. Tenemos que facilitar al máximo que ellos mismos lo puedan mantener, así cuantas menos cosas, mejor. Y está bien que puedan dar su opinión en todo el proceso de organización, en definitiva, es su espacio y muchas veces ni siquiera lo tenemos en cuenta para preguntar qué piensan, dejar que hagan algunas cosas a su manera y que se equivoquen, los enseñará a rectificar y a establecer capacidades organizativas.

Es muy importante también que en lo posible todo esté a su altura, si no nos necesitan para coger y guardar las cosas, son más autónomos y los ayuda a madurar, puesto que se sienten capaces y útiles, esto influye directamente en su autoestima.

 Las cosas ordenadas en cajas o cestas facilitarán que puedan categorizar bien los objetos y poner carteles con lo que hay adentro hace que no tengan que recordar tanta información de golpe.

 La mesa donde hacen los deberes también tiene una relevancia especial, menos, es más.

Cualquier distracción que tengan cerca es un estímulo que tienen que ignorar y esto, si ya nos cuesta a nosotros, imaginaos qué tentación es para ellos… Así que pocas cosas y espacio libre para trabajar. A escala emocional, los ayuda a ver qué son capaces de controlar el caos, de recuperar su espacio en poco rato y acciones. Aporta una sensación de seguridad y control.

Por otro lado, una habitación recogida y con un ambiente relajado los hará tener un descanso adecuado con todos los beneficios que esto implica. Las rutinas estructuradas, como saber qué toca hacer en cada momento, también facilitan la convivencia con ellos; tener la seguridad de que vendrá a continuación es muy beneficioso. Finalmente, es imprescindible decir que el orden no lo asocien con connotaciones negativas, lo tienen que integrar como una cosa natural, no forzada y no utilizarla como castigo. Educar a los niños en el orden no solo implica organizar objetos físicos, sino también cultivar su autonomía y autoestima. Al fomentar hábitos de orden desde pequeños, estamos sembrando entonces para un futuro más equilibrado y armonioso, para nuestros hijos y la sociedad en general. Se les da una base sólida por el crecimiento personal y un estilo de vida más armonioso en muchos aspectos de la vida.